miércoles, 18 de noviembre de 2009

The wedding gown

Un vestido de novia llamó mi atención hoy a la tarde. Hace mucho que un vestido de novia no me emocionaba. No fue únicamente el hecho de que el vestido fuera perfecto. Colgado ahí desde la percha de una tintorería especializada en vestidos de novia, me hizo recapacitar en por que la obsesión de que el vestido sea perfecto.
Elegir el vestido de novia lleva su tiempo cuidadoso y esmerado. Yo , decidí en dos días como iba a ser mi vestido. Fui una novia sencilla y apurada. No fui una novia esmerada.
Me llovieron un montón de “ Si hubiera....”. “Si lo hubiera pensado mejor, si hubiera elegido mejor, si hubiera sabido todo lo que sé ahora... “
Si “hubiera”, no habrían cabido los “hay que..”.
Hay que casarse. Hay que comprarse una casa. Hay que tener hijos. Hay que formar una familia.
Que desilusión la de las propias limitaciones, la de la propia inmadurez.
Qué desilusión saber que uno se equivocó, de puro cabezón nomás.
Las propias limitaciones duelen tanto, que matan.
Si hubiera esperado, si no hubiera tenido miedo, si no hubiera habido “ hay que...”.
Si hubiera esperado a encontrar la persona adecuada para usar un vestido tan perfecto como el que estoy viendo en la vidriera.

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